3).------------ ESTUDIANDO NUESTRO FUTURO.
3-1).---------- VIRTUD Y PREMIO, PECADO Y CASTIGO.
Uno de los grandes mitos sobre los que descansa la educación actual es el de la equidad, exactitud y certeza de las avaluaciones, exámenes y notas. Naturalmente, se nos asegura que se trata de una certeza media, que se mueve en unos parámetros de fiabilidad regularmente revisados y perfeccionados por las instituciones pedagógicas. Según cual sea el resultado obtenido en esas pruebas se reconocerá oficial y socialmente el triunfo o fracaso escolar y universitario. Todo el aparato educativo está en función de los resultados de ese juicio último. Las críticas fundamentales que se han hecho a semejante criterio evaluativo son demoledoras:
Primera: refleja y refuerza el mito cristiano de juicio final. El/la alumn@ se debe enfrentar al final del curso a una prueba que revisa todo su comportamiento, esfuerzo y mérito realizado. El tribunal es dios y aunque su sentencia puede ser revisada, este "derecho" no cuestiona en absoluto la concepción burocrático-exteriorista de la decisión.
Segunda: refleja y refuerza los principios burgueses de individualidad egoísta, rentabilidad y autoridad exterior. El/la alumn@ debe enfrentarse en su soledad al examen para lo que es bueno un básico autocontrol y dominio de los nervios. De la misma forma que la salvación siempre es individual, el examen también lo es, y la persona examinada sólo debe pensar en y para su exclusiva salvación mediante el aprobado. Los demás no importan, peor, son contrincantes y hasta enemigos que compiten por el puesto de la salvación. El socrático "Conócete a tí mismo" demuestra aquí toda su virtualidad de orden e individualismo egoísta.
Tercera: impone un criterio único de medición para personas y colectivos muy diferentes entre sí. "Todos somos iguales ante dios", se nos ha dicho desde siempre, y la justicia burguesa ha asumido este dogma. Pero las diferencias etnonacionales y lingüístico-culturales, de género, de clase social, de cultura y personalidad, etc, hace que tod@s seamos diferentes. Por contra, el sistema educativo mide a tod@s por igual y encima según los criterios de la "igualdad del rico", del patrón, padre y marido, de la igualdad de la nación dominante.
Cuarta, reduce todo el proceso educativo a lo simple, cuantitativo, memorístico, repetitivo, aislado, parcial, estático y acrítico. Esta característica es una consecuencia necesaria de las anteriores. El sistema educativo impone un método de pensamiento que no capta la totalidad siempre en movimiento y choque de contradicciones, sino como un caleidoscopio estático en el que sus múltiples partes permanecen incomunicadas, aisladas y quietas.
Quinta, beneficia a quienes tienen más recursos en información, tiempo, espacio, dinero, etc, en detrimento de quienes carecen de esos recursos. Desde las originarias diferencias de clase, nación y género, hasta las posibilidades posteriores para encontrar trabajo y mantenerse en él, pasando por la superioridad de medios para acudir a los mejores centros educativos privados y selectos, todo el sistema educativo está para reproducir el orden dominante.
Desde que las izquierdas comenzaron sus críticas radicales a la educación burguesa y además plantaron cara con modelos pedagógicos alternativos, desde entonces, ha sido una constante en la hagiografía y apología servil del orden cultural, sobre todo en la corriente yanki, decir que su sistema educativo proporcionaba las mismas posibilidades para todas las personas. Tras la II Guerra Mundial, y ya en plena guerra fría, cuando el imperialismo estadounidense buscaba dominar el planeta, la propaganda sobre las excelencias educativas del modo de vida yanki se extendió como una plaga por el llamado occidente. En un contexto europeo en el que muchas izquierdas revolucionarias estaban ilegalizadas o sometidas a fuertes presiones y cercos, las teorías funcionalistas y neopositivistas de la sociología yanki impusieron sus tesis educativas. Sin embargo, ya el primer estudio mínimamente crítico sobre los resultados reales de ese sistema, el famoso Informe Coleman de 1966, demostró que la capacidad verbal, imprescindible para la adquisición de conocimientos y su uso exponencial, a la edad de los seis años variaba en función del origen y diferencias étnicas y regionales, ampliándose gradualmente.
Desde entonces, todas las investigaciones realizadas confirman la gravedad de la dinámica discriminatoria del sistema educativo en perjuicio de l@s que menos recursos tienen. Michel Schiff define con la expresión "inteligencia derrochada", que se aproxima bastante a la más certera y exacta de "devastación intelectual" de Karl Marx, el proceso de expulsión del sistema educativo superior de la inmensa mayoría de la juventud trabajadora conforme avanza sus estudios, condenándola a niveles inferiores. Según este autor, al final de los estudios superiores en EEUU se han eliminado el 90% y hasta el 95% de estudiantado obrero y no blanco. La juventud obrera tiene 20 veces menos probabilidades de llegar a la universidad que la juventud burguesa. Y eso al margen de que algun@s, muy contad@s, estudiantes, obtengan una alta puntuación en los famosos CI. La obsesión por reducir lo complejo y lo cualitativo a lo simple y a la cantidad, a los números, llevó a la creación de los temibles y destructores tests de Coeficiente de Inteligencia: CI. Los CI responden a la misma lógica de fondo que los exámenes y ambos criterios evaluativos se refuerzan mutuamente.
Uno de entre los muchos autores que han denunciado rigurosamente ese mecanismo imperialista de dominación, M.Claessens, vuelve a insistir en que en el nivel verbal se manifiestan diferencias significativas en función del origen social del individuo. La juventud obrera tiene un CI inferior al de la juventud burguesa, y la juventud de grupos etnonacionales oprimidos inferior a la de la juventud blanca dominante, etc. Lo más curioso del asunto es que, si más tarde, en la edad adulta, se hacen tests de CI a artistas, científicos, políticos, deportistas, empresarios, etc, los resultados son sorprendentes y risibles. En 1982 se hicieron en el Estado francés estas pruebas a varias personas famosas, y resultó que dos de ellas debían ser débiles mentales si se les definía por los criterios del CI. Eran Armand Lanoux y Bernard Clavel, escritores mundialmente reconocidos y premios Goncourt pues sólo alcanzaron una nota de 65. Seguro que si le hubieran hecho un CI a Ronald Reagan habría roto por arriba la puntuación máxima de CI, superior a 130, situándose a la par que el rey Juan Carlos I de España, si también se la hubieran hecho.
Podríamos extendernos largo y tendido citando autores e investigaciones demoledoras al respecto, incluídas muchas de instituciones como ONU, Unesco y otras, que trituran las tesis oficiales. De igual modo, las investigaciones feministas sobre los efectos marginalizadores de la educación patriarcal sobre, contra, las mujeres son de una claridad analítica y crudeza de síntesis irrefutable. Mas lo que nos interesa ahora es avanzar en el estudio de cómo y porqué el actual sistema educativo ha quedado ya definitivamente superado por las transformaciones globales que se están dando. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que aun estando periclitado, superado, no por ello la clase dominante lo cambiará radicalmente por otro. No, mantendrá sus anclajes básicos, sus constates históricas identitarias porque, durante cerca de dos milenios y medio, han demostrado su gran utilidad al poder y su ágil adaptabilidad exterior a las exigencias nuevas manteniendo sus características propias.
El orden educativo actual está superado por cinco grandes transformaciones del sistema capitalista al que sirve: